lunes, 11 de febrero de 2013

Reflexiones de un aprendiz de musicoterapia

Hoy quiero compartir con vosotros unas reflexiones que realicé durante una de las asignaturas del Máster de musicoterapia. Creo que es interesante compartirlo sobre todo con mis compañeros musicoterapeutas, ya que fue parte de mi descubrimiento sobre lo que era y no era un musicoterapeuta, y sobre la función que tenemos.

Durante el máster, a veces nos muestran la figura del musicoterapeuta como alguien "todopoderoso", que puede estar en todos lados interviniendo para "hacer un mundo mejor". Pero también nos mostraron la imagen de un musicoterapeuta que a veces no es necesario, u otro que se equivoca y mete la pata hasta el fondo, para aprender cómo poder ayudar.
Estamos acostumbrados a hablar y contarnos multitud de cosas todos los días... Pero...
¿También escuchamos? En mi opinión ésto es algo que a veces se nos olvida también 
en terapia parar de hacer cosas y escuchar a las personas que tenemos alrededor  para ver 
cómo son, cómo están y qué necesitan de nosotros. ¿Y tu, has escuchado hoy?

La verdad es que a veces un musicoterapeuta no hace falta ni siquiera que intervenga en sesión: No somos indispensables, y tampoco somos dioses. Hay momentos donde nuestros pacientes necesitan su espacio, para explorar y compartir, necesitando que nos alejemos y que les dejemos solos. Necesitan que les dejemos un espacio y un tiempo para que hagan lo que en ese momento tienen que hacer. Hay momentos donde lo verdaderamente indispensable es que el terapeuta haga de colchón y sea el paciente el que elabore su propio proceso. 

En el ejemplo que nos puso la profesora trabajando con un grupo de personas ciegas, ella facilitó los instrumentos, y ellos solos comenzaban a improvisar, explorar el espacio y a establecer sus primeras relaciones con el resto del grupo. La musicoterapeuta se mantenía alejada de ellos, pero observando en todo momento lo que ocurría, para en un momento de dificultad estar ahí para echar una mano. Esto fue algo que me impactó, ya que en el máster estábamos acostumbrados a tener que dar consigna, a tener que hablar, etc. Sin embargo, en la sesión, la musicoterapeuta los "dejó", demostrando que a veces un musicoterapeuta tiene que ser únicamente una persona que interviene en momentos puntuales, cuando a los pacientes les cuesta más continuar o no pueden hacerlo.

Recuerdo que hicimos un role-play, donde me convertí en "niño hiperactivo-follonero", para desgracia de las musicoterapeutas-compañeras que tuvieron que intentar acompañarme. Metiéndome en el papel, descubrí que es difícil a veces comprender lo que quieren y necesitan los pacientes, pero que en la mayoría de las ocasiones (por no decir siempre), ellos se comportan como se comportan porque necesitan/quieren algo que no saben expresar de una forma convencional. Yo por ejemplo, quería enseñarle algunas cosas que había aprendido a la coterapeuta, pero como no me hacía caso, intentaba llamar la atención con los recursos que tenía. Algo tan sencillo como esto, a veces es difícil de comunicar sin lenguaje. A veces quizás por eso se utilice la violencia para intentar expresar ciertos mensajes, aunque no siempre se pueda asegurar al 100% lo que el paciente quiera expresar (ejemplo: Dar golpes con la cabeza sobre la pared = me duele la cabeza).

Otra cosa que logré reflexionar fue que cualquier paciente que tenemos, antes de paciente es una persona: No es un hiperactivo, sino una persona con hiperactividad: Una persona que tiene problemas como todo el mundo, necesidades básicas como comer o dormir, y que puede tener las hormonas alteradas como cualquier chic@ de su misma edad. Además, como seres humanos que somos, todos necesitamos comunicarnos, socializarnos y ser amados. Quizás algunas personas no sepan como hacerlo y necesiten descubrirlo poco a poco, pero aún así, necesitan que alguien crea en ellos: Que alguien crea que pueden hacer cosas, que pueden avanzar, que pueden hacer cosas útiles, que son queridos, que son entendidos... viendo las capacidades y posibilidades que tienen en vez de lo que no pueden hacer (que normalmente están cansados de oírlo y verlo). Necesitan a alguien que les escuche, que los acompañe, que les deje solos... ahí es donde creo que puede entrar un musicoterapeuta.

La musicoterapia al fin y al cabo es una forma de acompañar a una persona o grupo de personas donde se utiliza la música como medio para conseguir su desarrollo: Puede servir para que los pacientes comuniquen (a través de la música), expresen, se relajen, eviten ver que NO pueden hacer ciertas cosas... pero a la vez puede servir para que ellos se sientan escuchados, acompañados, queridos, entendidos y que además pueden hacer cosas útiles e interesantes mediante unos elementos que tienen a su disposición: Su voz, su cuerpo e instrumentos musicales. De hecho, la música es un lenguaje, y a veces la única forma de comunicarnos y entendernos dos personas a la vez que estamos haciendo algo divertido, interesante y productivo.

Así que, quitémonos de la cabeza la idea de ese musicoterapeuta todopoderoso que está constantemente tocando instrumentos, poniendo música y haciendo cosas. A veces el papel más certero de un musicoterapeuta es estarse quieto y escuchar a la persona que tenemos al lado. Al igual que en una conversación necesitamos escuchar las opiniones de todos para hablar, en la musicoterapia también tenemos que estar en silencio, escucharlo, escuchar al resto de personas y ya comenzar a "hablar musicalmente".

Esta reflexión aparece tras realizar un trabajo para una asignatura del máster, y, al volverla a leer, vi mi "yo estudiantil", comenzando a pensar y debatir sobre lo que se debe y no debe hacer al trabajar con personas. El gran problema es que a veces no todo el mundo entiende esto de que un musicoterapeuta esté "quieto y sin hacer nada", pero quizás sea el primer paso imprescindible para poder ayudar a otra persona en su proceso terapéutico. Escuchar, en mi opinión, es mucho más importante que hablar o producir. Si todos aprendiéramos a escuchar yo creo que nos iría un poco mejor las cosas a todos, ya que seríamos capaces de entender a las otras personas y crear lazos más completos y firmes.

1 comentario:

  1. Excelente reflexión Antonio...sinos estuviéramos quietos escuchándonos unos musicoterapeutas con otros...quizás veríamos que tod@s podemos escuchar...

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